Llamado a la humildad y la verdad: Profunda reflexión en la Novena en honor al Beato Mamerto Esquiú

En el marco de las celebraciones por el tercer día de la novena dedicada al Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, se llevó a cabo un emotivo homenaje en la misa de las 19:30 horas. El encuentro contó con la presencia y participación de autoridades y trabajadores de la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados y los Concejos Deliberantes de Fray Mamerto Esquiú.

La celebración eucarística fue presidida por el Pbro. Argentino Lauría, quien durante su homilía instó a los líderes y ciudadanos a redescubrir la esencia de la humanidad y el firme compromiso con la verdad. Tomando como referencia la vida y obra del fraile catamarqueño, el mensaje central giró en torno a la necesidad de abandonar el endiosamiento del poder para abrazar una vocación de servicio auténtica.

En su reflexión, el sacerdote recordó a Esquiú como un hombre que, habiendo crecido en nuestra tierra, siempre proclamó la verdad con firmeza. Se destacó que, a pesar de ser reconocido históricamente como el orador de la Constitución, mantuvo una visión crítica hacia la política al final de sus días, demostrando una entrega absoluta que trasciende los cargos y los reconocimientos públicos.

Uno de los puntos más significativos de la jornada fue la crítica al pecado del poder. Se advirtió sobre la tendencia peligrosa de las figuras de autoridad, ya sean políticas, religiosas o sociales, de creerse superiores o indispensables. En este sentido, se subrayó que ninguna persona, independientemente de sus títulos o de los procesos electorales, debe ser considerada como una deidad.

El orador también compartió una experiencia personal sobre la tentación del éxito, señalando cómo incluso dentro del sacerdocio es fácil caer en la trampa de creerse salvador de los demás, olvidando que todos somos seres humanos necesitados de gracia. Por ello, la homilía concluyó con un llamado a la humanización de la sociedad, instando a sacerdotes, políticos, trabajadores y familias a vivir su fe de manera genuina, reconociendo las propias limitaciones.

Hacia el final de la ceremonia, se enfatizó que lo que realmente hace falta son hombres y mujeres humanos, habitados por la gracia salvadora del Señor, haciendo eco de las palabras de San Pablo y Bernabé al recordar que todos somos iguales.

Este encuentro espiritual deja una invitación abierta a toda la dirigencia y a la comunidad para reflexionar sobre su rol en la construcción de una sociedad más justa, donde la verdad no sea solo una proclama, sino una forma de vida cotidiana.










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